Historia censurada para colegiales...
De cómo me gradué de bachiller sin entender el álgebra...
Cuando estaba en último año de bachillerato, tenía serios problemas con las matemáticas (sí, sí, "tenía"...) y pasé todo el año tratando inútilmente de entender el álgebra que no había entendido desde octavo grado. El profesor titular se ausentó durante un mes y designaron un maestro sustituto que sólo estaría un mes sustituyéndolo. Antes de irse nos dejó una tarea que valía la mayor parte de la calificación del mes... y no la hice. Mi amiga Bea tampoco la había hecho, y un alma desprendida y generosa nos dio copia de la tarea para entregarla. Eran las doce del mediodía cuando empezamos a copiar, y debíamos entregarla a la una de la tarde. Justo cuando estábamos terminando el último ejercicio, sentadas en las gradas que conducían a la tercera planta en el Colegio Cristóbal Colón, apareció el profesor de matemática y se detuvo frente a nosotras. "Oh no!" -- pensamos-- "se dará cuenta que estamos copiando la tarea!". Y en efecto, así fue. Nos dijo: "No me entreguen esa tarea, no se las voy a recibir." Estábamos devastadas. Perderíamos la mayor parte de la nota de ese mes y eso era muy, muy malo, como se podrán imaginar. Al entrar a clase sentí que el Sol no me calentaba, ¿qué haría? No había manera de resolver esa situación.
Al salir al recreo estábamos muy tristes, y nos paseábamos cabizbajas por los pasillos del colegio, cuando de pronto se acercó la coordinadora de bachillerato y nos dijo: "Amorcitas, ¿pueden hacerme un favor? Podrían llevar estos trabajos y dejarlos sobre el escritorio del profesor de matemática?" Respondimos que sí, y nos dio la llave del cubículo. De pronto reparamos en nuestra suerte, ¡no podía ser! Eran los trabajos de matemática y debían ser depositados en el cubículo del profesor titular. Corrimos por nuestros trabajos terminados y los agregamos. Ninguno de los profesores se dio cuenta de lo que pasó. Obtuvimos una nota suficiente para aprobar la materia ese mes.
Tuve la suerte de que la última área fue sobre trigonometría y para mi completa felicidad, ¡no era necesario entender el álgebra! Yeeeyyyyy! La trigonometría sí la entendí y obtuve una calificación de 10 que me permitió aprobar con 6 en nota final, y así fue como me gradué de bachiller sin haber entendido nunca el álgebra.
[ADVERTENCIA: Esta entrada es únicamente de carácter ficticio, aunque pueda incluir lugares, personajes o situaciones reales. La autora se desliga de toda responsabilidad de aquellas personas que crean -- o no-- sobre la veracidad de la información vertida en este espacio--.]

3 comentarios:
Interesante....
...el mundo nunca hubiera sido igual si vos y la Bea hubieran entendido algebra.
Hey Gaby, es bonito conocer esta faceta tuya jajajaja, bien felicidades por ser tan inteligente y arreglartelas con la bea...
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