Relatos de prisioneros Baháís en Irán
Los siguientes relatos están documentados por Olya Roohizadegan, sobreviviente de una de las olas de persecución a los Bahá'ís en Irán, testigo clave ante la comisión Europea de los Derechos Humanos en Bruselas.
Relato narrado a Olya por Tahirih Siyavushí:
"Trajeron a Jamshíd a la sala, sujetándole por los brazos. En cuanto le vi, me puse a gritar. No era más que piel y huesos; era como un fantasma. Apenas podía mantenerse en pie, y de las uñas de los pies salía sangre y pus, pero espiritualmente era muy fuerte. Él me dio ánimos diciéndome: 'Tahirih, no te preocupes por mí; sobreviviré.'
Yo le dije: 'Jamshid, si te matan, te veré en el otro mundo, estaremos juntos ahí.' En ese momento tuve la sensación de que Jamshíd quería contarme lo que le habían hecho para que, si alguna vez yo salía de la cárcel, se lo dijera a la Asamblea Espiritual Nacional.
Se subió la camisa y me mostró la espalda. Los latigazos habían infectado la columna vertebral. Delante del investigador me dijo: 'Tahirih, he aguantado setenta días de tortura y setenta noches sin dormir. No sé qué más quieren estos hermanos de mí. Durante el día me torturan, y por la noche no me dejan dormir. Me siguen preguntando por el libro de registros donde está el nombre y la dirección de todos los bahá'ís de Shiráz. Dicen que tengo que ir con ellos para señalarles las casas de los Bahá'ís. Tmbiń me piden que dé los nombres y direcciones de todos los miembros de los comités y de las Asambleas Espirituales Locales de la zona. Les sigo diciendo que no sé de nada más aparte de mí mismo, que haya sido miembro de una asamblea pero no me creen. Me acusan de ayudar a los Bahá'ís que lo necesitan, y dicen que, si no les hubiera ayudado, se habrían convertido en musulmanes.
Les di los recibos de los cuatro camiones cargados de muebles, ropa y alimentos, entre otras cosas, y también los del dinero que los bahá'ís donamos a nuestros hermanos musulmanes que sufrieron las consecuencias del terremoto y la guerra. Este hecho tendría que haberles hecho ver que queremos ayudar a todo el que lo necesite. Creemos que debemos ayudar a toda la raza humana, sin tener en cuenta sus orígenes religiosos ni el color de su piel. Un gramo de justicia habría bastado para que supieran que somos inocentes.
Al llegar a este punto uno de los investigadores pareció sentirse afectado por las protestas de Jamshíd y le dijo: Sabemos que no estás mintiendo. Ahora queremos llevarte a tomar algo de aire fresco.'
De repente, advertí cortes rofundos en el cuello y las muñecas de Jamshíd. Le pregunté de qué eran. Uno de los investigadores dijo: 'Jamshíd ha sido un niño muy malo. Ha intentado suicidarse dos veces.'
Tahirih, me dijo él tranquilamente, perdóname, pero después de tanto tiempo en la celda de aislamiento, sufriendo constantes torturas físicas y mentales, no pude soportar más y decidí suicidarme....'
Recuerdo vívidamente el día, unas semans después de ser trasladada a Adelabad, en que Tahirih fue llamada para su interrogatorio final. Cuando volvió aquella tarde, entró en mi celda tranquilamente y con dignidad. Sonreía llena de gozo y le brillaba el rostro. 'Tahirih, ¿qué ha pasado? ¿Por qué estás tan contenta?, le pregunté.
Hasta ahora, me dijo con tranquilidad, pensaba que sólo iban a matar a Jamshíd, pero hoy el Magistrado Religioso ha dado mi orden de ejecución. Acompañaré a mi marido en este viaje.
A partir de aquel día, nunca la vi llorar ni estar triste.

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