María fue una mujer originaria de Magdala, a quien Dios distinguió con la bendición especial de acompañar a Jesucristo en su Ministerio y que estaría destinada a realizar una gran misión vinculada a Su Fe. En la tradición religiosa se ha otorgado a María de Magdala distintas posiciones desde la de ser considerada como una cortesana hasta el discípulo más amado de Jesús y por tanto, verdadera autora del Evangelio que se atribuye a Juan.
Tal como se expresó anteriormente, ya que en este punto de la historia es imposible verificar científicamente algunos de los hechos atribuidos tanto a Jesucristo como a María Magdalena, por tanto el presente ensayo se centra en los escritos sagrados autorizados, que en la Revelación Bahá’í, se aceptan como investidos con autoridad divina, al considerar a los Mensajeros de Dios, quienes son fundadores de las principales religiones, como “portavoces de Dios Mismo” e Intermediarios entre Dios y la humanidad.
Se debe tener en cuenta que este artículo se basa en los textos bahá’ís disponibles en inglés y español; la mayoría de Tablas reveladas por Bahá’u’lláh
[1] y los escritos y charlas de ‘Abdu’l-Bahá (que junto al resto de escritos autorizados de la Fe Bahá’í compilados y revisados hasta 1983 llegaban a 60,000 documentos) aún no han sido traducidas del persa o árabe, idiomas originales en que fueron reveladas.
En las escrituras que se encuentran ya traducidas, existe gran cantidad de referencias sobre María Magdalena, de las cuales se citan algunas en el presente artículo.
Entre ellas encontramos que es descrita por ‘Abdu’l-Bahá como “una campesina y una sierva de Dios” en ningún momento la identifica como una prostituta, estigma que la Iglesia le atribuyó en algún momento de la historia religiosa. En la Biblia es mencionada como “María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios” y menciona que Jesús “iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el Reino de Dios” acompañado por los doce apóstoles y “algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y enfermedades” y que “le servían de sus bienes”. Entre estas mujeres se encontraba la ilustre María Magdalena.
[2]Vale la pena hacer un paréntesis para comprender a que se refieren las Sagradas Escrituras por términos como “demonios” y similares.
En una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente con fecha 02/11/1938 encontramos:
“En cuanto a su pregunta referida a la condición de aquella gente descrita en el
Evangelio como poseída por demonios; esto debería interpretarse figuradamente:
el demonio o satán es un símbolo del mal y de las fuerzas oscuras que ceden ante
la tentación.”[3]
También existe guía de la Casa Universal de Justicia
[4] al respecto en una carta con fecha 13 de febrero de 1974, a un creyente individual:
Responded a los que puedan preguntarte sobre la posición de tu religión en cuanto al tema de demonios, puedes decir sin vacilar que el concepto de satanás o el diablo como un ser en oposición a Dios es rechazado por las enseñanzas bahá’ís pero que la palabra la entienden los bahá’ís como las provocaciones del ego y el deseo y el lado oscuro de la naturaleza humana.
[5]Esta visión nos hace retomar la historia religiosa desligada de la superstición.
Al contemplar la historia bíblica es evidente que en ningún momento relaciona a María Magdalena con la mujer descubierta en adulterio, a quien Jesús dirigió las siguientes palabras:
“Ni yo te condeno; vete y no peques más”.[6]
Podemos notar que a lo largo del relato del capítulo 8 del evangelio de Juan, en ningún sitio se refiere a María Magdalena como la protagonista del mismo. Tampoco menciona que la mujer adúltera se haya agregado al grupo de sus seguidores, sino que Jesús le dice “Vete”.
El Evangelio también menciona otro relato, el de una “mujer... que era pecadora”
[7] que se ha relacionado con María Magdalena. En el evangelio dice que estando Jesús comiendo en casa de Simón, el fariseo, entró una mujer y roció Sus benditos pies con un caro perfume y sus propias lágrimas y los enjugó con sus propios cabellos; de la cual no menciona el nombre en ningún momento, y se refiere a ella como “una mujer de la ciudad”
[8]. Los relatos narrados tuvieron lugar mientras Jesús se encontraba en Naín, ya que como preámbulo de la narración de dicho acontecimiento se lee: “Aconteció después que él iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos y una gran multitud.”
[9] Por tanto la mujer era de Naín, no de Magdala, ciudad de la cual provenía María Magdalena y a la cual debe su nombre.
En los escritos bahá’ís se encuentran expresiones de alabanza y exaltación de la posición que ocupa María Magdalena en la Dispensación cristiana. En especial ‘Abdu’l-Bahá se refiere a ella como “una auténtica leona” y “heroína”.
También el maestro le dedica las siguientes palabras:
“Toda mujer que llega a ser la sierva de Dios supera en gloria a las emperatrices del mundo, pues se halla en relación con Dios, y su soberanía es sempiterna, en tanto que un puñado de polvo borrará el nombre y la fama de aquellas emperatrices. En otras palabras, tan pronto como descienden a la tumba quedan reducidas a la nada. Las siervas del Reino de Dios, en cambio, gozan de soberanía eterna, la cual no es afectada por el transcurso de las edades y generaciones.
Considera cuántas emperatrices, desde el tiempo de Cristo, han venido y se han ido. Cada una de ellas fue la gobernante de un país, mas ahora todo rastro y nombre de ellas se han perdido, mientras que María Magdalena, quien tan sólo era una campesina y una sierva de Dios, aún resplandece desde el horizonte de eterna gloria.”[10]
“Muchas reinas han gobernado a quienes se les recuerda por sus fechas en la historia, y no se sabe más de ellas. Pero María la Magdalena es más grande que
todas esas...”[11]
[1] Mírzá Husayn-‘Alí, conocido como Bahá’u’lláh (1817-1892), Fundador de la Fe Bahá’í.
[2] Biblia de Referencia Thompson. San Lucas 8:3
[3] Luces de Guía. Referencia 1738, página 707.
[4] La Casa Universal de Justicia, el cuerpo supremo que gobierna la Fe Bahá’í, fue creada por Bahá’u’lláh, el Fundador de la Fe, en su texto escrito.
“No existe clero en la Fe Bahá’í. La comunidad es administrada por instituciones que funcionan a nivel local, nacional e internacional. Estos consejos tienen cada uno nueve miembros elegidos por libre elección de los votantes...El principal deber de la casa Universal de Justicia es promover la transformación de la sociedad humana desde su caos y conflicto actual a un orden mundial de paz y justicia...”(de una declaración emitida por la Casa Universal de Justicia, 9 de octubre 1985)
[5] The Universal House of Justice, 1998 Dec 16, Traditional practices in Africa.
[6] Biblia de Referencia Thompson. San Juan 8:11
[7] Lucas 7:37
[8] Ídem
[9] Lucas 7:11
[10] ‘Abdu'l-Bahá, Selección de los Escritos
[11] Abdu'l-Bahá, Abdu'l-Bahá in London