jueves 19 de abril de 2007

33 muertos vrs. 25,000



Cada vida humana es irrepetible e invaluable. Cada persona con sus particularidades: mujer, hombre, niña o niño; de cualquier nación, origen étnico, capacidad, preparación académica o cualquier otra particularidad secundaria, todos somo necesarios, porque sino --como decían los indígenas americanos: "Dios no nos habría creado".

Reconocer el valor de las personas asesinadas en Virginia Tech, denunciar lo injusto de su muerte, exponer ante el mundo lo mejor de sus vidas prometedoras, conmover a través de los relatos desgarradores de quienes les amaron, suscitar la indignación colectiva de cada persona sensible a través de la tierra... solamente permite que percibamos con asombro las contradicciones de la civilización en la cual estamos viviendo, en la cual el mundo entero une su voz para declarar duelo por 33 personas asesinadas, mientras el día de ayer murieron más de 200 personas en Irák; la mayoría de ellos civiles, quienes tenían también vidas prometedoras, esposas y esposos, padres y madres, hijos e hijas, quienes les amaban. Y mientras el mundo continúa consternado y pendiente de cada mínimo detalle sobre la masacre en la Universidad de Virginia; no dedica ni un sólo gesto de solidaridad y consideración al luto de tantísimos seres humanos que perecen en las guerras injustas. Al declarar esta guerra como injusta, no es una consideración política, sino moral. No ha existido, ni existirá jamás una guerra justa. El hombre (y digo hombre a propósito, no es desliz en el lenguaje de género, sin generalizar, por supuesto: me refiero a los hombres que toman las decisiones que afectan a la mayor parte de la humanidad porque tengo la convicción de que si la mujer fuera incluida en el ámbito de las decisiones mundiales ésta no sancionaría la guerra donde morirían sus hijos) siempre ha justificado la guerra con las mismas falacias: patriotismo, soberanía nacional, heroísmo y todo ese blah, blah, blah. Sin embargo siempre ha luchado por la posesión de la tierra; y esta tierra no es su hogar: es su tumba. Y es por su tumba que los hombres se pelean! Porque al final, sin importar lo grande que sea el conquistador, el más poderoso imperio que pueda forjar con sus manos despiadadas, el poder y fortuna que pueda amasar con el dolor y las lágrimas de los inocentes, no conservará nada, solamente una cosa: su propia tumba!

Y eso sin mencionar que 25000 personas mueren cada día por hambre. Morir por hambre? Puede alguien imaginar un final más cruel que ese? Es como matar a alguien quemado a fuego lento! Permitir que alguien muera de hambre equivale a matar el cuerpo, a menudo, habiendo matado también el alma... ya que la falta de alimentación, albergue digno, salud y oportunidades de educación, ha creado una masa de seres humanos incapaces de ejercer sus obligaciones como ciudadanos y que por falta de formación los vuelve proclives a cometer todo tipo de delitos y depravaciones.

De todas las personas que mueren de hambre, la mitad son niños menores de 5 años... en qué tipo de mundo se puede dedicar horas de cobertura a la muerte de 33 personas, mientras se ignora 25000, no menos importantes, no menos víctimas, no menos vulnerables al sufrimiento y a la muerte?

Recordé esta esta charla dada por 'Abdu'l-Bahá en 1912 en París, que a pesar de los años, no pierde su valor de actualidad:

"Me acaban de anunciar que ha ocurrido un terrible accidente en este país. Un tren ha caído al río y han muerto por lo menos veinte personas ... Estoy sumamente sorprendido y maravillado por el interés y excitación que se ha despertado por todo el país por la muerte de veinte personas, mientras que la gente permanece fría e indiferente ante el hecho de que miles de italianos, turcos y árabes sean asesinados en Trípoli. ¡El horror de este colosal exterminio no ha conmovido en absoluto al gobierno! Sin embargo, esas desgraciadas personas también son seres humanos.

¿Por qué se muestra tal interés y tan vehemente compasión hacia veinte individuos, mientras que para cinco mil personas no hay ninguna? Todos son seres humanos, todos pertenecen a la familia de la humanidad, aunque sean de otras tierras y otras razas. A los países no involucrados no les preocupa si estas gentes son hechas pedazos; esta gigantesca matanza no les afecta. ¡Qué injusto, qué cruel es esto, cuán absolutamente desprovisto de todo sentimiento bueno y verdadero! ¡Las gentes de esas otras tierras tienen hijos y esposas, madres, hijas y niños pequeños! Ahora en esos países es difícil que exista una casa ajena al amargo sonido del llanto, y apenas será posible hallar un hogar que no haya sido tocado por la cruel mano de la guerra.¡Ay!

Vemos por doquier qué cruel e injusto es el ser humano y cuán cargado de prejuicios, y qué lento es para creer en Dios y seguir sus mandatos. Si estos pueblos se amaran y se ayudaran unos a otros en lugar de estar tan ansiosos de destruirse con la espada y el cañón, ¡cuánto más noble sería! ¡Cuánto mejor sería si vivieran como una bandada de palomas, en paz y armonía, en lugar de ser como los lobos y hacerse pedazos unos a otros!

¿Por qué el ser humano es tan duro de corazón? La razón es que aún no conoce a Dios. Si tuviese conocimiento de Dios, no podría obrar en directa oposición a sus leyes. Si tuviera aspiraciones espirituales, tal línea de conducta sería imposible. Si tan sólo se hubiesen creído, comprendido y obedecido las leyes y preceptos de los Profetas de Dios, las guerras no oscurecerían más la faz de la tierra.Si el ser humano tuviese al menos algunos rudimentos de justicia, tal estado de cosas sería impensable.Por consiguiente os digo, orad y volved vuestros rostros hacia Dios, para que Él, en su infinita compasión y misericordia, pueda ayudar y socorrer a esos seres extraviados.

Orad para que Él les conceda entendimiento espiritual y les enseñe tolerancia y piedad, para que los ojos de sus mentes sean abiertos y puedan ser dotados con el don del espíritu. Entonces, la paz y el amor marcharán mano a mano a través de las naciones, y esos pobres e infelices pueblos podrán tener descanso.Esforcémonos noche y día por contribuir al logro de mejores condiciones. Mi corazón está desgarrado por estos terribles sucesos y clama con fuerza. ¡Ojalá este grito llegue a otros corazones!Entonces los ciegos verán, los muertos serán resucitados, y la Justicia vendrá y reinará sobre la tierra. Os suplico que roguéis con toda vuestra alma y vuestro corazón para que esto pueda cumplirse."

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